¿Educamos a nuestros niños en el arte de desarrollar la mente y los pensamientos? ¿Sabemos nosotros, los adultos, cómo hacerlo? Al recorrer las realidades de nuestro tiempo, el sentido común nos indica que tenemos “grandes temas por resolver”. ¿Somos conscientes de que nuestros niños y jóvenes tendrán la extraordinaria responsabilidad individual y social de diseñar un destino posible para la humanidad?, ¿los estamos formando para ello?

El tema no resulta sencillo para nosotros, los adultos educadores, ciertamente no hemos sido instruidos en “la ciencia de lamente y los pensamientos”, a pesar de ello, no podemos renunciar a nuestra responsabilidad: tender un puente entre el momento actual y lo venidero.

Transitamos un cambio de paradigma, una mutación de nuestros entendimientos fundacionales: un tiempo de grandes oportunidades e impredecibles contingencias. Los sistemas educativos propician el pensar lógico racional (o paradigma cartesiano), sus orígenes se remontan a 500 años donde fuimos impulsados por la imprenta, y la consecuente masificación de la lecto-escritura, a un presente de ignotos fonemas de virtualidad, redes e interconexión planetaria. Mirando en retrospectiva, el mismo Leonardo se asombraría de los avances en la mente humana.

Los progresos en nuestra mente han acontecido, y es evidente su aceleración, más allá de que comprendamos - o no comprendamos-  cómo las fuerzas de la conciencia nos impelen a la evolución. Las evidencias por doquier: realidades planetarias, ambientales y sociales que se tornan complejas y en apariencia inasibles; progresos tecnológicos inusitados, etcétera.

Me pregunto:  ¿Por qué si hace más de 100 años el saber científico constató que “todo es energía”, la ciencia, la tecnología y las relaciones humanas actuales no responden a este saber comprobado? ¿Cómo sería educar a nuestros niños en el paradigma “todo es energía”? Es frecuente que alguien le responda a otro: “eso no es lógico” o “eso no es racional” o “la lógica me indica…”. Sin embargo, resulta improbable que alguien dijera:“este intercambio de energía es desequilibrado” o “detente, no interfieras con mi energía” o “cómo debemos intercambiar o invertir o consumir o acumular la energía” o “la frecuencia vibratoria de esa energía no me resulta afín”.

Para percibir, comprender y experimentar “el paradigma de la energía” debemos desarrollar, de manera inteligente, nuestras facultades mentales. Como Alicia en el País de las Maravillas, la evolución nos arrojó a una colosal mutación de nuestros entendimientos del mundo. Los avances en el conocimiento científico acontecen (y acontecerán) acunados en la mente humana.

En este ciclo de la vida planetaria (llamado por algunos Nueva Era), es necesario y posible para los humanos ampliar, profundizar e integrar, de manera inteligente, los siguientes  “procesos de la mente”:

  • Intuiciones –pensar intuitivo-;
  • ideas y conceptos- o pensar abstracto-;
  • metodologías, normas, procedimientos –pensar lógico-racional-;
  • técnicas y prácticas  -pensar práctico-
  • hábitos y respuestas instintivas –pensar instintivo- .

El desafío que se nos presenta es: cómo educar (y educarnos) en el desarrollo de habilidades de los “procesos de la mente”. Tal cometido nos exhortará a abrazar “la ciencia de la mente y los pensamientos” como una disciplina que atraviese los contenidos curriculares.

En esta nota, sucintamente, presenté  la problemática y enuncié los  procesos de la mente, en la  próxima me referiré específicamente a cómo evolucionar en el arte de pensar. Los  espero.

© Margarita Llada, El poder creador de la conciencia. Una teoría integradora de la evolución humana, editorial Dunken, 2013. 

Publicado en Teorías de Evolución

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