El 18 de enero de 2026 se produce la Luna Nueva en Capricornio a los 28°43’, tomada para Argentina. Este evento no se da en un vacío simbólico: se inscribe dentro de un tiempo de reinvención, de fuertes tensiones colectivas, demandas sociales, rebeliones latentes y reconfiguraciones estructurales que ya hemos venido analizando en distintos espacios de este canal. En este artículo me propongo profundizar en el significado específico de esta lunación para nuestro país, atendiendo a su despliegue a lo largo del mes y a los escenarios que abre. Cuando observamos la carta levantada para Buenos Aires, vemos que esta Luna Nueva se produce en la Casa IV, zona asociada al pueblo, al territorio, a las raíces, a los recursos naturales y a los cimientos emocionales de una nación. No se trata de un dato menor: lo que se inicia aquí no es simplemente un ciclo administrativo o político, sino una redefinición profunda de las bases sobre las cuales se sostiene la identidad colectiva.
El 18 de enero de 2026 se produce una Luna Nueva en Capricornio que inaugura un ciclo de definiciones profundas para Argentina. Esta lunación no se da en un vacío, sino en un contexto de reinvención, tensiones sociales y reconfiguraciones estructurales que impactan directamente en las bases emocionales, territoriales y simbólicas del país.
El video en mi canal de YouTube @margaritallada
Un ciclo que comienza con fuerza cardenal y se despliega en tensión
Uno de los aspectos más relevantes de esta lunación es que inaugura un ciclo con una impronta fuertemente cardenal —propia de Capricornio—, pero cuyo despliegue posterior estará marcado por lunas en signos fijos: la Luna creciente en Tauro, la Luna llena en Leo y la Luna menguante en Escorpio. Esto nos anticipa que lo que se inicia ahora no se resolverá fácilmente. Habrá fricciones, resistencias, choques de voluntad y tensiones entre lo que se quiere instaurar y lo que debe sostenerse en el tiempo.
Este tipo de dinámica suele manifestarse como una lucha entre impulso de cambio y necesidad de anclaje. Es decir, no alcanza con inaugurar un nuevo orden: será necesario ver si ese orden logra sostenerse frente a las tensiones que vendrán.
Un estelium de alto voltaje: activación, conflicto y redefiniciones
El mapa de esta Luna Nueva presenta un estelium muy potente que va desde Marte hasta Plutón, con el Sol en Capricornio en el centro. Este patrón sugiere una activación intensa de fuerzas de cambio, luchas de poder, redefiniciones estructurales y confrontaciones profundas. Marte actúa como detonador: impulsa, acelera, confronta. Su cuadratura con Quirón en Aries reactiva heridas colectivas, memorias de violencia, luchas históricas no resueltas.
Mercurio junto a Marte señala el papel central de la palabra, las protestas, los acuerdos, los discursos, pero también de la juventud y de los movimientos sociales. Venus, acercándose a Plutón, agrega una capa aún más intensa: deseos de libertad, cuestionamiento de valores, rebeliones frente a lo que ya no representa a la sociedad.
Cuando este estelium se analiza desde la carta levantada para Buenos Aires, cae en la Casa VIII, territorio de las negociaciones ocultas, del poder compartido, de los endeudamientos, de los recursos administrados por otros. Esto nos habla de procesos que no son visibles en la superficie, pero que condicionan profundamente el destino colectivo.
Urano como factor disruptivo: lo imprevisto entra en escena
Todo este conjunto planetario se encuentra en trígono con Urano, que opera desde la Casa XII. Urano es el arquetipo de lo imprevisible, de lo disruptivo, de aquello que interrumpe las líneas del tiempo y rompe con lo establecido. Desde esta posición, puede traer acontecimientos inesperados, giros abruptos, revelaciones súbitas y sacudidas que obligan a reconfigurar planes.
La Casa XII no responde a una temporalidad lineal: allí conviven pasado, presente y futuro. Es la zona de lo ya gestado, de lo que emerge cuando ya no puede permanecer oculto. Por eso, este trígono sugiere que muchas de las tensiones que veremos no nacen ahora, sino que son el resultado de procesos acumulados.
Quirón, Júpiter y la herida colectiva
Quirón vuelve a ocupar un lugar central. En la historia argentina, los ciclos de Quirón han coincidido con eventos profundamente traumáticos: represiones, dictaduras, semanas trágicas. En esta lunación, su cuadratura con Júpiter en Cáncer activa el tema de la pertenencia, del territorio emocional, de los límites de lo que consideramos hogar.
Esto nos habla de una revisión dolorosa, pero necesaria, de nuestras formas de habitar, de nuestras seguridades simbólicas y de nuestras estructuras de protección. El pasado vuelve a interpelarnos, no para ser repetido, sino para ser integrado.
Una Luna plutoniana: depuración y toma de conciencia
Esta Luna Nueva se encuentra en la misma declinación que Plutón, lo que la convierte en una Luna de carácter profundamente plutoniano. Esto intensifica la posibilidad de procesos de purificación, de rebelión, de crisis colectivas que obligan a una toma de conciencia. Plutón no suaviza. Plutón revela, arranca, desarma y obliga a mirar lo que no queremos ver. En este contexto, el pueblo puede experimentar tanto pérdidas como despertares. No hay transformación sin duelo.
